La evolución del ejecutivo (menos mal)

Estilo Mad Men

Estilo Mad Men

Si por algo va a pasar a la historia este 2015, dejémonos de tonterías, es por el final de la serie Mad Men.

Esta serie de HBO (el creador todopoderoso, hacedor del mundo de la ficción y el Dios de los amantes de las series), ha conseguido enganchar a millones de espectadores por todo el mundo. Esta ficción, que está basada en una Agencia de Publicidad del Nueva York de los 60, ha conseguido mostrar al mundo (salvo a los devoradores de vómito televiso en forma de realities tipo Sálvame) el día a día y las tramas personales/laborales de una Agencia exitosa con grandes cuentas.

Personalmente, creo que es una de las mejores series de la historia por la calidad de los personajes, las tramas y por conseguir este éxito, contando una historia basada en un sector laboral, hasta ahora, nada interesante para el ciudadano medio.

Además, por suerte, nos muestra lo más oscuro de las relaciones cliente/ejecutivo. Y digo “con suerte”, porque permite diferenciar lo que era un ejecutivo antes y lo que es hoy en día en la mayoría de los casos. No me malinterpreten, no estoy acusando a los ejecutivos de nada, porque en definitiva, entiendo que se adaptaban a lo que le pedían con tal de conseguir y mantener la cuenta (independientemente de si luego el propio ejecutivo, lo asimilara como modo de vida). Digamos que existía una relación entre el que quiere ser satisfecho disimuladamente y el que no tiene más remedio que satisfacer, pero tampoco le molesta tener que hacerlo. Con esto no estoy infravalorando la labor de estos profesionales, si no que quiero recalcar que por suerte, para conseguir una cuenta en estos días, priman más los aspectos profesionales y las aptitudes que las actitudes y las labores menos relacionadas con la actividad publicitaria. Hablando en plata, hoy en día se te valora por ser profesional y mostrarlo, en vez de por ser capaz de tentar al posible cliente con prebendas, agasajos y costear caprichos.

¿Y a qué se debe esto? Básicamente a dos causas: la evolución del cliente y la profesionalización del publicista. Con respecto al cliente, está claro que se ha vuelto más exigente a la hora recibir propuestas para promocionar su producto /servicio. Ha entendido que la publicidad es necesaria en el marketing y no es sólo un gasto, si no una inversión. Esto se debe a la renovación generacional. El cliente de hoy en día tiene una formación de marketing diferente a las generaciones anteriores. Por eso, incido en que hoy en día, se le da más valor a lo que una agencia te pueda presentar como idea de comunicación para venderte mejor.

Por otra parte, la evolución del ejecutivo se debe también a que su actividad se ha profesionalizado aún más, haciendo de la publicidad un área tan importante en el mundo empresarial como lo es por ejemplo la financiera. Hace unas décadas ya que la publicidad se ha convertido en carrera universitaria de por sí, y no sólo una asignatura en la rama del marketing o en la administración de empresas. La publicidad, es una profesión desarrollada por personal universitario y esto desemboca en un nuevo perfil del profesional. Compañeros publicistas de los 60, vuelvo a pedir que no me malinterpreten, no quiero decir que los que no recibisteis formación universitaria fuerais peores profesionales, ya que no os dieron la posibilidad de serlo, si no que el sector ha demandado que esta profesión sea realizada por personal formado en la Universidad porque así lo exigen los clientes, y esto, a fin de cuentas, es lo mejor que puede haber pasado.

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